En los últimos meses pareciera que la mayoría de los analistas económicos y de inversión se están convenciendo de que la crisis que comenzó en 2007 está en el pasado y que espera un futuro de crecimiento. Sin embargo, no son pocos los que coinciden en poner resguardos. La crisis pareciera estar superándose, pero hay muchas dudas en cuanto a la manera. Estas dudas surgen de un importante desacuerdo entre las causas de las recesiones y de como superarlas.
Desendeudamiento natural vs intervencionismo
Existe una idea general de por que se producen los ciclos económicos y las recesiones. El concepto básico es que las economías crecen hasta encontrar su límite para luego reacomodarse. El crecimiento se ve impulsado por apalancamiento (deudas) que en el momento del reacomodo se reordenan. El problema es que si el endeudamiento es grande, se producen muchas quiebras que lleva a que la economía se destruya mucho más que lo que el reordenamiento supondría. De estos conceptos parten dos posturas:
Keynesianismo: para evitar una caída económica excesiva, propone que el estado genere la demanda faltante.
Laissez faire: el estado no debe intervenir en la economía para no distorsionar.
Ambas posturas tienen razones que las justifican. Es válido (y visible en la historia) pensar que sin acciones de parte de los estados una crisis puede nunca tocar fondo. También es cierto que toda intervención estatal produce alguna forma de distorsión. El problema es que pareciera ser imposible aceptar que ambas cuestiones son válidas y buscar un punto de equilibrio. Es impresionante ver como cada lado muestra lo equivocado que esta el otro sin notar los agujeros que la propia teoría tiene. Y en esta discusión entre extremos, nos perdemos la posibilidad de ver nuevas alternativas, como sucede casi siempre con las falsas dicotomías.
En esta miope visión del mundo es que se debate entre depresión e inflación. No hace tanto eran muchos los que decían que se venía otra gran depresión, aún peor que la de los treinta. Algunos argumentaban que era inevitable. Otros que había que tomar medidas urgentes y mayores a las que se tomaron. Del otro lado están los que dicen que el intervencionismo de la Fed va a producir galopante inflación cuando la economía repunte.
Distintas perspectivas
En la Business Week de la semana del 20 de Diciembre de 2010 hay un articulo titulado “Currency” que describe la preocupacion por la actividad de la Fed y la inflacion esperada:
Taken literally, “printing too much money” was not the thing for anyone to worry about in 2010. The amount of currency printed and put in circulation has risen only 18 percent, or $140 billion, since the Fed went into monetary overdrive in 2008. What has grown by $1 trillion , or 2100 percent, is something else: banks’ deposits at the federal reserve. [...] When the economy revives, banks will start making more loans, putting real money into people’s pockets. To much money chasing too few goods is the textbook couse of inflation.
El temor planteado, con el cual coincido, es que las medidas monetarias que tomó la Fed hicieron que las reservas de los bancos se vaya por las nubes. Como en un periodo de baja economica nadie pide plata prestada, todavia no tiene mayor consecuencia. Pero los bancos estan deseosos de poner toda esa liquidez en algo que les genere redito. Cuando la actividad economica reflote, toda esa liquidez se va a traducir a prestamos. Prestamos que aumentaran el circulante rapidamente y que produciran inflacion.
Keynes presentó ya en los años 30 buenos argumentos en contra de usar solo medidas monetarias para combatir una crisis profunda:
[...] If a reduction in the rate of interest was capable of providing an effective remedy by itself, it might be possible to achieve a recovery without the elapse of any considerable interval of time and by means more os less directly under control of the monetary authority. But, in fact, this is not usually the case; and it is not so easy too revive the marginal efficiency of capital, determined, as it is, by the uncontrollable and disobidient psychology of the business world. It is the return of confidence, to speak in ordinary language, which is so insusceptible to control in an economy of individualistic capitalism. [...]
John Maynard Keynes, “The general theory of employment, interest and money”, Chapter 22: “Notes on the trade cycle”
Lo que Keynes destaca es que de nada sirve que haya abundancia de dinero si nadie está dispuesto a prestarlo ni tomarlo prestado. La consecuencia de usar medidas monetarias para intentar aumentar el circulante de dinero es que aumenta la cantidad de dinero disponible sin necesariamente aumentar el circulante. Y dado que no existe una manera eficiente de retirar el dinero disponible de parte de las autoridades monetarias, ese aumento de dinero pasa a ser una bomba inflacionaria de tiempo diferido. Este es el temor de la gente que augura hiperinflación. Es un temor que entiendo y comparto. Temor que los detractores de Keynes incluso comparten (si tan solo lo leyeran detenidamente…).
Conclusión
La realidad de todo esto es que no sabemos bien que va a pasar. Hemos visto períodos en que ningún aumento del dinero disponible alcanzo para evitar una depresión. Esto se explica fácilmente al entender el proceso de quiebra: cuando una entidad quiebra debido a una deuda que no puede pagar, esa deuda desaparece del sistema monetario. En pequeñas cantidades, no llega a notarse. Pero si las quiebras son masivas, empieza a haber una reducción monetaria.
Por esto, una depresión sigue siendo un temor latente (aunque con poco pulso). Y nunca hemos tenido una crisis tan fuerte a la cual se haya tomado medidas monetarias tan fuertes como respuesta, lo cual hace de la inflación extrema un miedo muy válido. Solo el tiempo dirá cuáles serán las consecuencias y solo después de un tiempo encontraremos explicaciones falaces a lo sucedido.
Lo único que creo que es claro error es pensar todavía, después de ver muchos buenos argumentos y evidencias suficientes para comprobar lo contrario, que se puede evitar una depresión solo con medidas monetarias. Para salir de una depresión, el dinero debe fluir. Y para eso se necesita fuertes gastos directos, que por tamaño solo los estados pueden asumir.