Hace poco terminé de leer la obra cúlmine del economista austríaco Friedrich August Hayek, titulada “The Road to Serfdom” (El camino a la servidumbre). Es un libro importante para leer en estas épocas ya que es la principal fundamentación atrás de políticas liberales y la llamada “reaganomics”. Margaret Thatcher y Ronald Reagan seguían el pensamiento promovido por esta escuela cuando implementaron sus políticas.
Leer este libro fue importante para como tener una visión integral de los fundamentos atrás de los dos extremos de la teoría economico-social actual. Su argumento principal es una advertencia social sobre la tendencia al totalitarismo del comunitarismo y como la perdida de libertad individual por “el bien común” puede llevar gradualmente a un gobierno totalitario.
Antes de leer The Road to Serfdom leí el libro de John Maynard Keynes “The General Theory of Employment, Interest and Money”, en el cual Keynes detalla su teoría económica que lo lleva a promover intervencionismo estatal en momentos de crisis, especialmente cuando se tiende a una espiral deflacionaria.
Normalmente se toma a estas escuelas de pensamiento como contrapuntos distantes de la filosofia economica (en http://www.youtube.com/watch?v=d0nERTFo-Sk hay un video de rap haciendo humor en base a esta “pelea”). Me gustaría acá destacar los puntos en común. El problema que vengo insistiendo en este blog es que nosotros, las bestias animales humanas, tendemos a buscar historias que fundamenten nuestras creencias, lo cual nos lleva a ignorar y negar lo que no nos gusta y promover lo que queremos. En cuestión de teorías opuestas inconsistentes, cada bando termina ignorando las debilidades de la teoría propia y concentrándose en las debilidades de la otra.
Mi propuesta es sencilla: juntemos los puntos comunes y difíciles de discutir y resaltémolos. Veamos los agujeros y peligros de nuestra teoría y demosle la importancia necesaria para no cometer obvios errores de juicio.
Problemas de interpretación
Algo que me queda claro después de leer ambos libros es que ambos autores son liberales: ambos promocionan una forma de organización social basada en libertades personales y mercados abiertos. La diferencia es que mientras que Hayek hace una fuerte advertencia sobre el peligro de la restricción estatal a las actividades de las personas, Keynes hace hincapié en que los mercados no son perfectos, que tienden a la exageración y que cuando se desvirtúan hay un rol importante de parte del estado para evitar dolor innecesario a la población (dolor traducido en desempleo). Equiparar a Hayek con un burgués desalmado y a Keynes con un comunista es un buen ejemplo de la simplificación ignorante que pueden tomar los dogmas.
De la interpretación a la barbarie
Otro problema importante que noto al interpretar las posiciones de uno y otro lado es como se targiversa todo para promover posiciones injustificables. Es llamativo que gente que se considera “liberal”, como los seguidores de Reagan, no tienen problemas en restringir libertades individuales siempre que no sea en contra del interés de ciertos grupos empresarios y comunidades. De otra manera sería imposible entender la promoción de “la guerra contra la droga” y la persecución del consumo que creció mucho durante los años de Reagan. Hay lugar para la regulación del comercio y la prohibición del consumo en lugares públicos, para preservación del orden público. Pero no hay forma de conjugar la libertad personal con la prohibición de tenencia y consumo en lugar privado y propio.
Ni hablar de la promoción de guerras, carreras armamentísticas e intervención en otros países. No hay cuestión que vaya más en contra de la universalización de principios de libertad que querer dominar e imponer ideas a costa de fuerza.
Más bien parece que los extremos del expectro político están usando buenos principios para justificar gustos propios. La izquierda utiliza el principio de equidad para promover control estatal de la economía y así evitar injusticias sociales (pobres), olvidándose que el control estatal con certeza produce inequidades basadas en política en vez de economía. Un tirano popular no deja de ser tirano.
Por otro lado, la derecha enarbola la libertad individual, justificando libertades a empresas que personalmente nunca aceptarían, como la libertad de explotación sin condiciones mínimas de dignidad. Aunque la mayoría de la gente defiende su postura porque considera más importante su máxima (libertad por un lado, equidad por el otro), las posiciones que se defienden terminan siendo contradictorios a esas máximas.
Progreso
Lo peor de todo es que tanto oponerse al otro lado, nos estamos perdiendo de progresar. Ya esta altura debería ser claro que libertad y equidad no son ideales fácilmente compatibles. Para que la humanidad pueda progresar en ambos sentidos tenemos que buscar el equilibrio: libertad regulada, para evitar pisar libertades de otro. Y equidad de oportunidades, hasta donde sea posible.
En este sentido creo que las dos políticas más importantes cuyo tiempo ya está hace rato pasado son la libertad de consumo y la limitación de la herencia. No existe ni un poco de libertad si no somos libres de consumir lo que queramos en nuestro entorno privado, ni la más mínima equidad si se puede heredar medio mundo sin mérito alguno.