En las últimas dos semanas he contemplado estupefacto actuaciones ridículas en un país democrático-mercantil serio. Primero el rechazo sin anestesia del presidente del banco central a formar el “fondo del Bicentenario”, ya de por si algo complicado. Luego un pedido de renuncia bastante cuestionable. Seguido de un rebelde rechazo del pedido, una destitución por decreto que ya viola cualquier concepto de inteligencia de gobierno y respeto institucional, para rematar con una apelación a la justicia, para como terminar con fuegos artificiales todo el circo.
No es que cuestione los derechos y motivaciones de cada actor en esta parodia. Puede haber buenas razones para formar el fondo del Bicentenario. También puede haber buenas razones para que el presidente del central cuestione usar fondos del banco para ese fin. Está en pleno derecho la presidencia en pedir la renuncia al presidente del banco central. Y el presidente del banco central está en pleno derecho de negarse. El punto es que nada de esto “se hace”.
- La presidencia debería haber acordado con el presidente del central que el fondo se podía formar y que estaba de acuerdo antes de llevarlo acabo.
- El presidente del banco central debería haber manifestado ni bien se empezó a debatir el tema cualquier inconveniente que hubiera encontrado con el mismo.
- Nunca debería producirse semejante pelea pública entre el presidente del banco central y el poder ejecutivo. Semejante muestra de desalineación de objetivos solo produce incertidumbre económica en una sociedad que ya está tristemente acostumbrada y resignada a estos tironeos.
- Lo correcto para el presidente del banco central en situaciones semejantes es renunciar, apelar a la opinión pública para exponer sus razones y presentar a la justicia todo lo que considere incorrecto.
- Destituirlo por decreto fue de lo menos inteligente que se pude elegir desde el gobierno. Porque es difícilmente legal (y queda a interpretación de la justicia y el congreso) y porque definitivamente no va a acelerar la cuestión, claro objetivo del gobierno. Lo inteligente estaba por lado de esperar a que retome el congreso e intentar formar el fondo por consenso (algo que difícilmente conseguirían, pero por lo menos tendría más sentido).
Por todo esto es que veo en el accionar de Redrado manejos políticos poco honorables. Veo en estos tironeos, la inauguración de la última etapa del típico ciclo político argentino, la etapa de los buitres. Se puede ver a lo largo de la historia democrática reciente como llega un momento de un gobierno argentino, cuando pierde mayoría legislativa, en la cual los distintos poderes del país, particularmente los partidos tradicionales, hacen todo lo que pueden porque el gobierno fracase. Mientras que el gobierno, queriendo recuperar popularidad perdida, gasta lo que el país no puede en obras, subsidios e infinitas formas de clientelismo, dejando canilla libre a gobernadores amigos en lo que termina siendo una orgía de endeudamientos.
Mientras tanto el país es forzado a una nueva crisis de la cual la nueva favorecida fuerza política lo sacará de las cenizas, como al ave fénix.
Necesitamos encontrar la forma de que la etapa de declive político no sea tan nefasta para los argentinos.
Novedades
En La Nacion, Carlos Pagni hace un interesante resumen de la situación. Suelo criticar mucho la forma en que hacen notas de opinión, como si tuvieran fuentes de información divina (que esta nota tampoco escapa), pero en este caso es mayor el nivel de información que otras veces, con lo cual me permito ignorar la falta de fuentes y tenerle un poco de fe ciega.