Desde el fin del radicalismo como fuerza de relevancia, la política argentina viene en una decadencia permanente. Pareciera que las diásporas que se vienen formando a partir de los partidos tradicionales, no pueden adaptarse a una nueva realidad. Siguen actuando en base a réditos políticos sin darse cuenta la pérdida de imagen que eso les produce. Carrió con su permanente circo denunciatorio y una gran necesidad de buscar escena. Los PRO con sus constantes idas y vueltas que muestran una notable falta de ideas en común. Y el kirchnerismo, que entre la búsqueda constante de enemigos, las peleas internas por mantener disciplina y la notable idiotez al implementar políticas, nos deja a la mayoría entre indignados y sorprendidos.
Siguen tratando de ganar votos sin principios. De meter palos en la rueda a toda idea que no sea propia, por más buena que sea. Me pregunto si se darán cuenta alguna vez que esta forma de actuar deja a medio electorado afuera (aunque distintas mitades para cada caso). Me pregunto también si se darán cuenta tarde que no van a conseguir un seguimiento importante si se pelean con sus propios compañeros cada año, que es hipócrita hablar de institucionalidad cuando se es un vicepresidente opositor o que nadie piensa en un presidente que nunca dice lo que piensa y que siempre se muestra indeciso.
Cada vez es más difícil elegir entre los menos malos. Sin embargo, algo de luz se llega a distinguir. En gobernadores socialistas que logran hacer un buen gobierno, en intendentes que se tiran a una elección a pocos meses y salen bien parado con solo el boca a boca de buenas políticas, y en algunos viejos partidarios, que todavía muestran capacidad de buscar consenso y pensar en intentar pensar un futuro en el cual todos podamos estar de acuerdo y expresarlo alto y claro. Estas joyas que todavía tenemos en la política argentina, que votan leyes de acuerdo a principios en vez de negociar puestos y obras, parecen a mis ojos el germen de una nueva política que está destinada a cambiarle la cara al país. Quizás cuando todos escuchemos sus voces podamos tener verdaderas políticas de estado.